Jornada sobre Integración PRL: Visión Zero. Madrid 2018

Visión Zero, una filosofía basada en la gestión del compromiso de las organizaciones

La Universidad Europea de Madrid ha acogido una jornada organizada por PRLInnovación sobre la estrategia Visión Zero. La cita ha congregado a más de 20 profesionales del ámbito de la prevención.

Visión Zero es un enfoque de la salud y la seguridad orientado a gestionar el compromiso de las organizaciones, con el objetivo de mantener un esfuerzo preventivo sostenido para garantizar que se evitan los daños a la salud que se pueden dar en el trabajo. Esta filosofía se sustenta sobre cuatro pilares estratégicos: la ética, la cultura, el empoderamiento y la innovación. Se trata de pasar del “tenemos que hacer” al “queremos hacer”.

Para tratar de acercar esta filosofía a los profesionales de la cultura preventiva, PRLInnovación ha organizado una jornada en la Universidad Europea de Madrid. Salvador Carmona, Socio-Director de I+3, y Pere Boix, Director científico de la misma compañía, han sido los encargados de conducir un encuentro que ha contado con la presencia de más de 20 profesionales de este sector.

Según Salvador Carmona el prevencionista es aquel que implanta la salud laboral en la agenda de las empresas y genera sinergias con las personas que trabajan en ellas.

Pere Boix, por su parte, considera que la figura del prevencionista es una pieza fundamental y menciona la paradoja de la seguridad, por la que se establece que, a mayor número de incidentes, menor probabilidad de que ocurra un accidente grave. Por lo tanto, cuando no hay incidentes, no hay aprendizaje y cuando ocurre algo, la situación es más grave porque no se sabe gestionar de manera correcta o adecuada.

“El 0 en los incidentes parece que ya no sea un objetivo deseable” asegura Boix, que además dice que la experiencia ha demostrado que en ese objetivo ‘Incidentes 0’ hay una serie de puntos débiles: falta de realismo, saturación de procedimientos, hipercontrol de comportamientos, y cultura punitiva, ya que al que se salta el procedimiento, hay que castigarle. Además, se suele dar una ocultación y un fraude con los números porque nunca se suele alcanzar un nivel de accidentalidad inexistente y la gente tiende a mentir con los datos.

Se trata, según Boix, de ir más allá de los procedimientos, no obsesionarse con el control y el papeleo porque se pierden oportunidades de inspirar confianza. En este aspecto, cabe destacar el concepto de resiliencia, es decir, la capacidad de actuar de manera flexible para adaptarse mejor a los cambios o a las situaciones que no están previstas. Según el Director científico de I+3, la filosofía Visión Zero se sustenta en cuatro supuestos: la vida y la salud no son negociables, las personas cometen errores, no es éticamente aceptable que los fallos tengan repercusión en la salud y, por último, es importante que se dé un compromiso y un esfuerzo sostenido en toda la organización.

Para que esta filosofía funcione debe haber un aprendizaje permanente basado en una ¡estrategia cultural y una gestión del comportamiento preventivo. Pero, ¿qué estrategia se debe seguir?

  • Hay que cambiar el foco y pasar del objetivo ‘accidentalidad 0’ a un esfuerzo sostenible.
  • Olvidar los programas estáticos y centrarnos en los entornos dinámicos para innovar.
  • Pasar de una cultura de supervisión a que se base en la motivación y en el comportamiento.
  • Pasar de un liderazgo transaccional a uno transformacional.
  • Centrar los esfuerzos en el desempeño y no en los resultados finales.

Los valores que recoge la Visión Zero son la actitud positiva hacia las personas, el trato justo (para que los trabajadores estén dispuestos a colaborar) y la simbiosis entre el pensamiento personal y organizacional. La clave es querer trabajar de forma segura y saludable. Los estudios europeos, por su parte, ponen el foco en cuatro elementos esenciales muy similares a estos valores: cultura preventiva, aprendizaje, comunicación y el alineamiento entre el compromiso organizacional y el individual.

Pere Boix, por su parte, considera que la gestión de esta filosofía se lleva a cabo a través de una motivación intrínseca basada en convicciones y la percepción de la prevención como un valor ético y una cultura de liderazgo y aprendizaje. Es fundamental gestionar el compromiso de manera estable y crear trabajos seguros. Esta es la manera de cambiar el enfoque.

¿Y cuál es una de las piezas fundamentales en esta filosofía? Las personas. Para Salvador Carmona, las personas no son el problema, como se percibe en algunas ocasiones, sino que en ellas se encuentra la solución. Por lo tanto, para implantar una cultura preventiva, es fundamental implicar a todos los trabajadores dentro de la organización. Para establecer un liderazgo efectivo en seguridad y salud, hay que ocuparse de la seguridad, movilizar a la gente y empoderarla para que se involucre en el proceso, fijar objetivos y metas de desempeño y llevar a cabo una medición de las mismas, hacer refuerzos positivos y generar condiciones más seguras. Todas estas acciones hay que implantarlas y fusionarlas con las tácticas que ya están integradas en la empresa.

Sin embargo, conseguir dicha implicación por parte de todos los trabajadores es un asunto complejo. Es importante que entiendan qué se espera de ellos y cómo va a influir en su desempeño. Cuando las personas olvidan que se trata de una obligación y están convencidos de que lo tienen que hacer, se involucrarán. “Lo que perciben las personas de la seguridad y la salud, es lo que determinará su comportamiento”, asegura Carmona.

Además, durante la jornada se le dio espacio a los indicadores positivos de esfuerzo preventivo, que miden la actividad y el desempeño de las acciones que llevamos a cabo. Lo principal es establecer una serie de objetivos operativos y en función de eso, definir acciones y criterios de desempeño para medir los cambios y comprobar si una acción es buena o no. ¿Qué queremos resolver? ¿Qué vamos a hacer para lograrlo? Esas son las primeras preguntas que nos tenemos que hacer.

Otro de los aspectos mencionados por los profesionales que han desarrollado la ponencia ha sido el de ‘trato justo’, del que ya hemos hablado con anterioridad. ¿Cómo orientamos la organización al aprendizaje de forma que la gente se sienta bien tratada y se perciba como una parte de la solución? Hay que hacer que los trabajadores entiendan el porqué de las cosas y se vayan implementando comportamientos de manera progresiva. Sydney Dekker dice que “un error humano nunca es una causa profunda. Es síntoma de una disfunción más profunda”. Lo primero que hay que hacer para gestionar el error es conocer qué tipos de fallos existen, ya que no se puede castigar ni premiar de la primera forma si la causa es distinta. La clave reside en aprender cuáles son los condicionamientos que hacen que la gente actúe mal, no saber quién actúa de manera correcta o incorrecta.

En primer lugar, hay que diferenciar entre las acciones intencionadas y no intencionadas. Dentro de las últimas, además, se establecerán distintos tipos: equivocaciones o descuidos, lapsus o fallos de memoria, errores por técnicas inadecuadas y violaciones, es decir, cuando se da un comportamiento inadecuado, aún sabiendo que es incorrecto. Por ello, con independencia de que haya habido accidentes o no, es fundamental analizar si hay rutinas y si los comportamientos son consentidos. Además, hay que distinguir entre actuaciones aceptables y no aceptables y establecer lazos de confianza para que se informe de los errores que se producen. Si gestionamos bien los fallos, al final la organización acabará aprendiendo.

En línea con lo anterior, cabe destacar que existe un modelo de aprendizaje organizacional basado en distintas líneas de acción: Notificación (reacción), investigación (énfasis en aprender o en buscar culpables), recomendación y actuación (aprendizaje inmediato, involucrar al personal en las medidas de riesgo), implementación de cambios y evaluación (qué ocurre, dónde podemos mejorar). La cultura de la organización es clave para implementar en las organizaciones el modelo de aprendizaje. Carmona, además, ha mencionado las 7 reglas de oro de la visión de la ISSA, una herramienta de diagnóstico:

  1. Asumir el liderazgo
  2. Identificar los peligros
  3. Definir metas
  4. Asegurar un sistema confiable
  5. Usar tecnologías seguras y saludables
  6. Mejorar las competencias, lo que tiene que ver con la educación y capacitación
  7. Apostar por invertir en las personas, involucrando a los colaboradores de la empresa.

Para finalizar el encuentro, se ha organizado una dinámica llamada Visión Zero Got Talent, a través de la cual los asistentes han contado las experiencias de sus empresas en el ámbito de la prevención. Además, los participantes han asistido a un simulacro, organizado por la Universidad Europea, en el que han participado la policía, los bomberos, Protección Civil y el personal de seguridad del campus de Alcobendas, con el fin de conocer cómo se desarrollan las evacuaciones para evitar el menor índice de daños posible, tanto personales como materiales.

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